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Con un tremendo dolor de cabeza, Armando volteó la cara hacia el edredón y se cubrió la oreja libre con la almohada, sentia como si alguien le hubiera golpeado la cara hasta hartarse, eso y un hueco en el estomago le hizo recordar que la noche anterior, un artrítico vampiro lo había incluido, de un certero par de mordidas, en la lista de los inmortales.
Durante sus sueños, se vio rodeado de personas eternamente felices, vestidas atemporalmente y teniendo como escenario majestuosas obras de la arquitectura, frías en su austeridad, intencionalmente decadentes en su evidente falta de mantenimiento, un guiño despectivo de los inmortales hacia la inherente e inevitable decadencia de las obras humanas. Se sentía bien, mejor de lo que esperaba, la vida, -o la no-muerte-, le sonreía.
Conforme su mente se despejaba, comenzó a hacer planes, nunca se había sentido particularmente feliz con la sociedad humana, sin embargo la amplitud de la inmortalidad le permitía ser generoso, decidió "ayudar al prójimo" y la mejor forma de lograr eso, se dijo a si mismo, "es averiguar que esta pasando allá afuera", así que, sin mas, tomó el periódico y comenzó a leer las noticias, en algún lugar remoto, un desastre natural había desaparecido poblaciones enteras, escenas terribles pasaron frente a sus ojos y las visiones alteraron sus sentimientos, decidió tomar algo de agua para calmar los nervios, el agua sabía extraño, pero ver por la ventana la ciudad dormida a sus pies lo tranquilizó, alguna noche tendría que salir a alimentarse, pero esta noche no, después de todo, no se podía morir de hambre, y tenia que pensar muy bien qué iba a hacer.
Se sentó frente al televisor y vio algunos programas de deportes, le entretenía ver como la gente común se divertía con actividades tan sencillas. A pesar de la novedad de su condición, se daba cuenta que podría realizar proezas físicas que sorprenderían a cualquier atleta, por fuerte que este fuera. Jugueteó con la idea de volverse un deportista de "alto rendimiento" hasta que se dió cuenta que no podría participar en ninguna competición de día, esa debilidad de su nueva naturaleza le provocó un nudo en el estomago, solo pudo olvidarlo tras un par de episodios de esa serie del alienígena peludo que causó furor en los ochentas. De pronto se dio cuenta que estaba cansado, ya la madrugada se acercaba con su morada mortaja, y se fue a dormir, satisfecho de su progreso y encantado con los planes que le prometían una nueva vida -o una nueva no-muerte-.
La noche siguiente se levantó en cuanto obscureció, el hambre lo mataba, así que salió a la calle, el olor de los humanos le parecía demasiado evidente, y su lentitud, desesperante. Después de algunas vueltas, se dirigió al parque más cercano y espero hasta que un vagabundo se cruzó en su camino, la peste era repugnante, y cuando se alejó del sitió solo la satisfacción del hambre saciada le permitió olvidar el mal trago, realmente debería haber una mejor forma de alimentarse, se suponía que los otros mamíferos también servían, tendría que intentarlo al menos alguna vez... Como algo del vagabundo se le tenia que pegar, caminó sin rumbo por la sección vieja de la ciudad. Como humano difícilmente se hubiera atrevido a ir de noche, sin embargo en su nueva realidad, no tenia miedo a ningún ataque, y, como si la ciudad entendiera esto, nadie intento detenerlo ni enfrentó peligro alguno, pronto regreso a casa, satisfecho por su progreso y feliz de los planes que estaba haciendo, su vida -o su no-muerte- iba a hacer un cambio en la vida de los demás.
Una noche más y en cuanto despertó prendió la tele, mas desastres naturales alrededor del planeta, pero todos muy lejos para que le importara realmente, así que prefirió ver algunas teleseries viejas y descansar, el cambio de horario le estaba pasando la factura, además había dejado una cortina mal cerrada y tenia una quemada muy profunda en su mejilla derecha, no fue una buena noche. Al final de la primer semana, ya tenia una buena idea de lo que quería hacer para ayudar a la sociedad, en cuanto ocurriera un desastre natural en una área cercana de inmediato ayudaría, sentirse parte -por extraño que parezca- de una sociedad lo reconfortó, él era como un guardián, como un poder oculto, como el as bajo la manga de su ciudad, la naturaleza no contaba con él, era poderoso y estaba decidido a ser la diferencia, -en cuanto hubiera la oportunidad-.
Durante los siguientes meses el frío lo obligo a tener un perfil bajo, con la nieve casi nadie salía de noche y pasó mucha hambre, además, algún noticiero había sugerido la posibilidad de que hubiera algún asesino serial suelto en las cercanías y eso lo obligó a ser doblemente cauto, realmente la pasó mal, parecía que la naturaleza estaba decidida a hacerle la vida -o la no-muerte- difícil, además la gente con la que se topaba cada día olía peor, ¿que nadie se bañaba en esta ciudad? probablemente era culpa del frío también, llegó a culpar a la sociedad de no ser agradecida con él, después de todo, el estaba dispuesto a arriesgar todo en cuanto sucediera alguna catástrofe para ayudarlos, pero claro, nada había pasado y no había forma de que la sociedad lo supiera, casi deseó que la oportunidad apareciera, él realmente no era malo después de todo, solo necesitaba una oportunidad para demostrarlo.
Pasaron los años, las décadas y Armando seguía decidido a hacer algo, se compró dos televisores más, y así permanecía durante las noches alerta a cada nueva noticia de alguna catástrofe, parecía que todos los desastres sucedían demasiado lejos, y los que sucedían cerca, realmente no eran tan importantes para involucrarse, ahora veía constantemente repeticiones de programas viejos, vídeos, su colección de fotografías y recortes de periódicos, hasta comenzó a navegar en internet y a mantenerse en contacto con otros vampiros bien intencionados, se mantenía bien informado, excepto en aquellas noches que debía satisfacer su apetito.
Aún hoy por la noche, Armando va a seguir cómodamente revisando sus pantallas, esperando esa catástrofe y una oportunidad para demostrar lo que puede hacer un vampiro decidido a hacer el bien, satisfecho de ser tan generoso y altruista.
© Leonardo Alcántara G. Antofagasta 2010
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